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Blog Almacén Icónico - Jimena L. Ansótegui

Jimena L. Ansótegui

Estudié periodismo y me especialicé en Internet, negocio que desde hace 20 años ha dado de comer a mi familia. Entonces ya creía en esta gran red de comunicación que hoy sin ir más lejos, es mi presente y auguro que mi futuro. ‏@JLAnsotegui

Sobre este blog de Sociedad

En mi blog escribo sobre lo que apetece. Seguro que no soy la única persona a la que a diario se le ocurren cientos de temas sobre los que le gustaría comentar, opinar o compartir con conocidos y desconocidos. ...


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  • 01
    Julio
    2017

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    SOCIEDAD Ibiza

    Casas minimalistas, personas felices

    Todo traslado tiene siempre su parte buena y su parte mala. Personalmente lo que peor se me da es meter toda mi vida en cajas de cartón. Me resulta tan agotador como mi propia vida. Aunque ese cajón olvidado, que encuentras cuando piensas que ya tienes todo listo, ese cajón, sí que agota de verdad. Ya no hay sitio para él porque crees que tu vida ya está encajada por completo. Sin embargo él no poder evitar fisgar entre los objetos de dicho descubrimiento y acaba haciendo que vuelvas abrir una caja y otra para ubicar estas pequeñas cosas de las que no te puedes desprender.

    «Las paredes en blanco y las estanterías vacías son un reto de lo más exótico en mi vida»

    Veo revistas y webs de decoración a menudo soñando con, algún día, convertir mi casa en un espacio libre y abierto, blanco e impoluto. Pero de momento me conformo con vaciar estanterías y tirar inservibles recuerdos que un día guardé por si acaso. En todo traslado la parte buena es empezar de cero. Las paredes en blanco y las estanterías vacías son un reto de lo más exótico en mi vida, así que cuando pienso en mi nuevo espacio siempre lo veo como en las revistas. Visualizo e imagino llenar muy ligeramente los armarios, colocar una sola escultura sobre cada estantería, un solo cuadro sobre cada pared y colocar mis libros por colores y tamaño. Pero la realidad es que cuando comienzo a desembalar mis enseres personales hay un sinfín de inservibles de los que no me sé desprender por más que quiero, con lo que cada casa nueva se parece a la anterior. Dicen que despegarse de los objetos materiales que nos han acompañado durante toda la vida es sano, que lo que no es bueno es no hacerlo. He leído que hasta puede ser síntoma de un problema psicológico, falta de cariño, o una señal de otras carencias.

    Entonces pienso en lo felices que deben de ser los propietarios de esas casas de revista en las que parece no vivir nadie. Casas frías sí pero de gente sin carencias, al menos eso dicen. En el próximo traslado desembalaré sólo aquella parte de mi vida que me resulte nueva y poco material para demostrar así lo feliz que soy.

     

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